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LA
LEYENDA DE LA OSA MAYOR |
| La niña no se percató de que el cucharón era ahora de oro y que estaba tan lleno como al principio. La pequeña acercó el cazo a los labios de su madre y ésta bebió y bebió. ¡Se encontró tan bien! Cuando terminó, aún quedaba un poco de agua en el fondo. La niña iba a llevárselo a los labios cuando alguien llamo a la puerta. La sirvienta fue a abrir y apareció un forastero. Estaba pálido y cubierto de polvo por el largo viaje. -Estoy sediento-dijo- ¿Podrías darme un poco de agua? La niña contestó: -Claro que sí, estoy segura de que usted la necesita mucho más que yo. Bébasela toda. El forastero sonrió y tomó el cucharón. Al hacerlo, éste se convirtió en un cucharón hecho de diamantes. El forastero dio la vuelta al cazo y el agua se derramó por el suelo. Y allí donde cayó, brotó una fuente. El agua fresca fluía a borbotones en cantidad suficiente como para que la gente y los animales de toda la comarca bebieran tanta como les apeteciera. Distraídos con el agua se olvidaron del forastero pero, cuando lo buscaron, éste había desaparecido. Creyeron verlo desvanecerse en el cielo y, en efecto, allá en lo alto del firmamento destellaba algo parecido a un cucharón de diamantes. Allí sigue brillando todavía para recordar a la gente a esa niña amable y generosa. Es la constelación que conocemos por la Osa Mayor.
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Alumnos/as
de 2º y 3º ciclo de Educación Primaria de “El
Burgo Ranero” |
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