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Hace mucho, mucho tiempo que el Dios agua no daba lluvia;
el pueblo seguía a los elefantes para encontrar agua pero sólo
encontraban arena y la gente tenía mucha sed.
Un día el gran jefe Rasenke mandó a su criado con calabazas
secas a buscar agua a las montañas. Cuando llegó vio un
río que tenía agua, fue a por ella pero una mano invisible
le paró. Entonces Mapopo dijo: ¿Por qué no deja
beber al pueblo? Entonces el Dios del agua le dijo que si querían
agua tendrían que traer a la hija de su jefe para casarse con
él. Mapopo fue a decírselo a su jefe. El rey no tuvo otra
opción que mandar a su hija a que se casara con él. Su
hija que se llamaba Motsesa se marchó sola a las montañas.
Estaba oscureciendo y no tenía ningún sitio para dormir
y gritó diciendo ¡no sé dónde dormir! Y una
voz misteriosa le dijo ¡duerme ahí!. La princesa al principio
no podía dormir porque tenía miedo y frío pero
al final acabó durmiéndose. Al despertar se encontró
en una casa acostada en una cama muy lujosa y alrededor había
platos y deliciosos manjares. Durante días le traían comida
pero no veía a nadie, solo oía voces. Después de
un tiempo Motsesa tuvo un hijo, luego la misteriosa voz le pidió
permiso para visitar a sus padres y le dijo que sí. Cuando regresaron
a la montaña Motsesa vio a su hermana pequeña Senkepen
y le pidió que se quedara con el bebé mientras iba a buscar
agua y cuando Motsesa se fue el bebé empezó a llorar y
Senkepen le cantaba una nana. Delante de sus ojos apareció un
hombre guapo y Senkepen le dió el bebé. Cuando regresaba
Motsesa vio al hombre con el bebé y Motsesa le preguntó
que quién era y le contestó “soy el padre del bebé
y tú eres la reina de mi pueblo. Ven y te lo enseñare”.
Y en un abrir y cerrar de ojos se vio rodeada de casas y a Motsesa le
gustó tanto el pueblo que se quedó a vivir en él.
Su pueblo tuvo para siempre agua.
FIN
Samuel Álvarez y Esaú Miguélez |